miércoles, 4 de noviembre de 2015

1. Los cascos

Cualquiera en el autobús que se dirigía hacia el instituto podía oír las canciones que Pandora escuchaba desde sus auriculares. Ella lo sabía y disfrutaba con la idea de que los demás pasajeros lo comentaban entre murmullos.
El rock resonaba en sus oídos ocultando cualquier sonido del exterior o pensamiento de su interior.
Se colocó un mechón de pelo oscuro por detrás de la oreja mientras cambiaba de canción. El resto del cabello caía por sus hombros de forma tan caótica como ella, haciendo un curioso contraste con su piel clara similar a la porcelana. Esa apariencia dulce y delicada con exquisito contraste entre marrón oscuro y blanco consiguió que, cuando era pequeña, representase a Blancanieves en los teatros escolares. Pero eso sucedió hace años, cuando en sus ojos había chispa y alegría en vez de vacío.
Ahora su mirada era tan fría como un cuchillo que podía traspasar un muro de acero dejando solo añicos a su paso, era un témpano de color gris que rompía todos los corazones que se pusieran en el camino.
Su uniforme habitual era el negro, la ropa ancha y botas militares. De su personalidad poco se podía decir debido a que era reservada y poco habladora, aunque en el momento en el que se abrían sus labios se mascaba la tragedia.

A pesar de que siempre quiso pasar desapercibida, nunca lo consiguió y, a medida que fue creciendo, le resultó tarea imposible. Podía sentir las miradas de la gente, observándola, atentos a cualquier cosa que pudiese ser alimento de rumores. Tras años, y sobretodo en los últimos meses, tuvo que aprender a convivir con ello y había alcanzado tal punto en que cualquier cuchicheo le resultaba completamente indiferente.


El autobús siguió el mismo camino de siempre, llegando, como cualquier otro lunes, puntual a la puerta del instituto. Ella bajó sin prisa alguna y, como cada mañana, encendió el primer cigarrillo. Cada vez que hacía eso, cada día, las mismas chicas de siempre murmuraban con asco y cierta envidia cómo era capaz de entrar a la escuela fumando a pesar de ser tan temprano. Sin embargo, algo cambió ese lunes, un simple gesto que, como un aleteo de mariposa, desató un huracán.