domingo, 20 de diciembre de 2015

2. Primer contacto

Pandora


Sentí una sombra tras de mí, así que instintivamente me giré. Un chico una cabeza más alto que yo parecía mascullar algo mientras llevaba la vista a su sudadera roja ancha y se recolocaba la mochila vaquera a la espalda. A desgana me quité los auriculares.
_ ¿Qué quieres?_ le pregunté al despistado muchacho moreno de ojos negros haciendo uso de mi bordería. No tenía muchas ganas de entablar una conversación con él, a pesar de su cara dulce y mirada cálida.
_ Sí... Em... Hola. _ tartamudeaba. Noté perfectamente como tomaba aire profundamente para tranquilizarse. "Qué tierno", pensé aunque eso no endulzó mi actitud hacía él. _Estoy buscando la clase... la clase A.13. Creo... La verdad es que no estoy seguro... ¿Sabes dónde está?
Soltó una risita nerviosa.
_ No sé. _dije, aunque sabía la localización el aula que buscaba perfectamente (de hecho al día siguiente tenía clase en ella), pero no quería tener que cuidar de un recién llegado al instituto.
Miró un segundo al suelo para luego mirarme a los ojos. Tiene mérito, la gente suele pensar que tengo la mirada de Medusa y nunca son capaces de comprobarlo. Una lástima, me gustaría convertir a más de uno en piedra.

_ Gracias. _murmuró con media sonrisa y resignación para luego proseguir su camino.
 Lo observé alejarse mientras aspiraba la última bocanada de humo. Tuve una punzada de culpabilidad al dejarlo solo yendo hacia ninguna parte ya que que Bambi me parecía más letal que él.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

1. Los cascos

Cualquiera en el autobús que se dirigía hacia el instituto podía oír las canciones que Pandora escuchaba desde sus auriculares. Ella lo sabía y disfrutaba con la idea de que los demás pasajeros lo comentaban entre murmullos.
El rock resonaba en sus oídos ocultando cualquier sonido del exterior o pensamiento de su interior.
Se colocó un mechón de pelo oscuro por detrás de la oreja mientras cambiaba de canción. El resto del cabello caía por sus hombros de forma tan caótica como ella, haciendo un curioso contraste con su piel clara similar a la porcelana. Esa apariencia dulce y delicada con exquisito contraste entre marrón oscuro y blanco consiguió que, cuando era pequeña, representase a Blancanieves en los teatros escolares. Pero eso sucedió hace años, cuando en sus ojos había chispa y alegría en vez de vacío.
Ahora su mirada era tan fría como un cuchillo que podía traspasar un muro de acero dejando solo añicos a su paso, era un témpano de color gris que rompía todos los corazones que se pusieran en el camino.
Su uniforme habitual era el negro, la ropa ancha y botas militares. De su personalidad poco se podía decir debido a que era reservada y poco habladora, aunque en el momento en el que se abrían sus labios se mascaba la tragedia.

A pesar de que siempre quiso pasar desapercibida, nunca lo consiguió y, a medida que fue creciendo, le resultó tarea imposible. Podía sentir las miradas de la gente, observándola, atentos a cualquier cosa que pudiese ser alimento de rumores. Tras años, y sobretodo en los últimos meses, tuvo que aprender a convivir con ello y había alcanzado tal punto en que cualquier cuchicheo le resultaba completamente indiferente.


El autobús siguió el mismo camino de siempre, llegando, como cualquier otro lunes, puntual a la puerta del instituto. Ella bajó sin prisa alguna y, como cada mañana, encendió el primer cigarrillo. Cada vez que hacía eso, cada día, las mismas chicas de siempre murmuraban con asco y cierta envidia cómo era capaz de entrar a la escuela fumando a pesar de ser tan temprano. Sin embargo, algo cambió ese lunes, un simple gesto que, como un aleteo de mariposa, desató un huracán.